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Reserva de la Biosfera El Vizcaíno: área natural de mayor extensión en México

  • La reserva cuenta con cuatro zonas pesqueras, aproximadamente el 25% de la población se dedica a esta actividad
De las 177 Áreas Naturales Protegidas (ANP) en México, la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno (REBIVI) ubicada en el municipio de Mulegé, Baja California Sur, es el espacio conservado más extenso del país.

Con sus más de tres millones de hectáreas, la reserva -decretada en 1998- representa el 45% del territorio de Baja California Sur y el 10% de las ANP administradas por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Está conformada por islas, islotes, lagunas, planicies y sierras que armonizan un paisaje de llanuras desérticas y cuerpos de agua que acogen importantes especies de flora y fauna.

Según cifras del censo de población 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de los casi 60 mil habitantes del municipio de Mulegé aproximadamente 50 mil viven en la REBIVI; y el 25% de la población se dedica a actividades de acuicultura y pesca.

Con el fin de conocer la organización del sector pesquero comercial en la REBIVI, el doctor José Manuel Crespo Guerrero, investigador del Departamento de Geografía Económica del Instituto de Geografía (IGg), realizó un estudio enfocado a comprender cómo se lleva a cabo esta actividad en las cuatro zonas pesqueras que conforman la reserva: Pacífico Norte, Golfo (Santa Rosalía), esteros y Laguna de San Ignacio, y el  complejo lagunar Ojo de Liebre (Guerrero Negro).

Pesca comercial ribereña

Para la investigación se recopiló información de diferentes dependencias gubernamentales, que incluyeron datos cartográficos, así como entrevistas con los pescadores y otros agentes implicados para conocer cómo se practica actualmente la actividad pesquera, los procesos económicos que generan y las problemáticas que enfrentan.

El investigador explicó que las modalidades de pesca son variadas y dependen de factores como el tipo de arte, la cercanía o lejanía con respecto a la línea de costa, así como de los fines para los que se lleve a cabo -comerciales, deportivos, dicácticos, entre otros-. Con respecto a la pesca comercial, ésta se clasifica en función de las características de la embarcación en: ribereña y de altura.

En el caso de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno los habitantes practican la pesca comercial ribereña que, de acuerdo con la Ley de Pesca y Acuicultura Sustentable del Estado de Baja California Sur, se refiere a la actividad realizada en bahías, sistemas lagunares o estuarios, que utilizan embarcaciones menores y con viajes no mayores a un día.

De las cuatro zonas que componen la REBIVI, la que cuenta con el mayor número de embarcaciones es la denominada Pacífico Norte con 851, seguida del complejo lagunar Ojo de Liebre con 826, la zona Golfo (Sana Rosalía) con 385, mientras que esteros y Laguna de San Ignacio tiene registradas 233 embarcaciones.

Para el aprovechamiento comercial del recurso pesquero en aguas de jurisdicción nacional es necesario contar con un permiso otorgado por la autoridad correspondiente. Otra manera de acceder a este beneficio es por medio de concesiones que tienen una duración mínima de cinco años y una máxima de veinte.

También hay autorizaciones que se reservan para otro tipo de prácticas como: pesca didáctica o pesca en altamar. En la REBIVI la pesca se efectúa por medio de concesiones y permisos.

Cooperativas y permisionarios

A fin de llevar a cabo una práctica legal de la pesca y acceder a programas de  apoyo de los diferentes gobiernos, los pescadores de El Vizcaíno están organizados en los sectores privado y social.

El primero funciona a través de empresas o personas morales, éstos últimos por lo general se dedican a alquilar sus permisos y equipos, y son llamados permisionarios. Mientras que las organizaciones sociales están constituidas mediante sociedades cooperativas, sociedades de producción rural y solidaridad social, así como la unión libre de pescadores.

Para el investigador, la pesca en esta reserva no sólo tiene una importancia socioeconómica por el hecho de mantener relaciones comerciales con Asia y Norteamérica; ya que el manejo pesquero también es fundamental para la conservación de los recurso marinos y, en ese sentido, la pesca debe ser compatible con el desarrollo sustentable.

En esta investigación se pudo observar que existe una heterogeneidad del sector pesquero en las cuatro zonas, cada una con dinámicas diversas. Algunas debidamente establecidas y con la infraestructura necesaria para su funcionamiento.

Mientras que otras carecen de instalaciones adecuadas y llevan a cabo manejos obsoletos que dificultan su desarrollo. Aunque la mayoría de las cooperativas están formadas por población local, también hay zonas a donde llegan pescadores desplazados que con el tiempo se han incluido dentro de estas sociedades organizadas.

El doctor José Manuel Crespo explicó que, desde 2004 la REBIVI cuenta con ocho cooperativas reconocidas con la distinción de pesca sostenible certificada, denominada Ecoetiqueta azul, que es otorgada a las pesquerías artesanales comunitarias por su calidad y prácticas adecuadas en el manejo de los recursos renovables.

Las pesquerías certificadas del Pacífico Norte exportan la mayor parte de su producción de langosta a países de Asia (China, Japón y Taiwán). Otras empresas dedican sus áreas concesionadas a la producción de ostión japonés. En el caso de San Ignacio los principales recursos son: el callo de hacha, la jaiba, la langosta roja, el tiburón y la almeja catarina.

Problemáticas

Con el paso de los años los pescadores han sido testigos de las transformaciones de la pesca, que se ha visto afectada en la cantidad de especies que en otros tiempos eran abundantes y actualmente han disminuido o desaparecido.

Una de las especies afectadas es el calamar gigante. De acuerdo con los datos recopilados en la investigación, a finales de 1980 los pescadores de Santa Rosalía llegaron a capturar 120 mil toneladas, lo que significó el 70% del volumen nacional. Sin embargo, tras el paso del huracán Jimena en 2009, "hoy el volumen capturado es casi testimonial".

En la Laguna Ojo de Liebre una de las especies que están en peligro de extinción es la almeja mano de león, que en épocas de bonanza era exportada a Japón, pero en 2011 se constató una mortandad que colapsó la pesquería. Aunque aún se desconocen los motivos de su casi extinción, "hay quien apunta al cambio climático y otros a la actividad de la salinera que se ubica en la zona".

Ante las adversidades algunos pescadores han tenido que abandonar sus actividades y buscar alternativas para sobrevivir, dedicándose principalmente a la oferta de servicios turísticos como paseos en embarcaciones para el avistamiento de ballenas, y con ello el abandono del oficio heredado de sus familias: el arte de la pesca.


Geografía Noticias

2016-04-11

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