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Estudian efectos de El Niño en la producción agrícola del Centro-Occidente de México

  • De 1996 a 1997 la cosecha de frutos caducifolios disminuyó más de 100 mil toneladas.
  • Urgente desarrollar modelos para  pronosticar los impactos de El Niño.

La doctora Rebeca Granados, académica del Instituto de Geografía de la UNAM (IGg-UNAM), estudia los impactos que el fenómeno climatológico de El Niño ha provocado en la producción de frutales en el Centro-Occidente de México. “En el año de 1996 en esa zona se produjeron más de trescientas mil toneladas de frutos como durazno, manzana, uva, ciruela, pera, frambuesa, membrillo, chabacano e higo. Pero para el período de 1997 a 1998 —en que se presentó El Niño con gran intensidad— la producción disminuyó cerca de cien mil toneladas debido a la disminución de lluvias y la ocurrencia de heladas inesperadas”, comentó la investigadora.

Rebeca Granados considera que la planeación agrícola debe tomar en cuenta las condiciones de temperatura que modifican el ciclo de crecimiento de los plantíos, ya que la producción de frutales ha sido susceptible a dichas variaciones climáticas. Los árboles sembrados en la zona de estudio pierden sus hojas en determinado periodo para enfrentar las bajas temperaturas de invierno, por esto se les llama caducifolios. Después de ser expuestos al frío por cierto tiempo, sus brotes abandonan el estado de reposo para florecer en primavera. Los especialistas denominan “horas-frío” al periodo que cada fruta necesita pasar a temperaturas iguales o inferiores a 7° C, para cumplir los requerimientos que permitan su florecimiento y posterior maduración. El durazno, por ejemplo, requiere de entre 100 y 1200 horas frío, mientras que la manzana de 800 a 1400.

“Cuando se pretende establecer este tipo sembradíos lo primero que se debe conocer es la cantidad de horas-frío de la región, ya que de no cumplirse las condiciones necesarias requeridas por la variedad escogida los árboles no florecerán o lo harán fuera de tiempo y forma, lo que implica daños y disminución en la producción”, comentó la doctora Granados Ramírez. También enfatizó la influencia que ejercen las variaciones climáticas, como las provocadas por El Niño, en la cosecha de estos frutos.

El fenómeno de El Niño ocurre cuando, de manera anómala, aumenta la temperatura superficial del mar en una zona del Océano Pacífico cercana al ecuador. Estas condiciones se presentan en lapsos irregulares, con una separación de 2 a 7 años, y pueden durar entre 12 y 18 meses. En los últimos 50 años se presentaron doce eventos de este tipo, el de 1997-1998 fue uno de los más agudos, cuyas repercusiones climáticas en México se reflejaron en la presencia de sequías durante el verano y un incremento de frentes fríos en invierno. Estos últimos generaron heladas inesperadas y bajas temperaturas que menoscabaron la floración de brotes en los frutales.

La doctora Granados, especialista en agroclimatología, comentó que de 1996 a 1997 la producción de durazno en la región Centro-Occidente de México pasó de 110 mil toneladas a 76 mil, la de manzana bajó de 61 mil toneladas a poco más de 48 mil, tendencias negativas reflejadas en todo el conjunto de frutos caducifolios. Por tal motivo, la investigadora resaltó la importancia de desarrollar modelos que permitan pronosticar los impactos de El Niño para definir estrategias que permitan contrarrestar sus efectos negativos en la fruticultura.



Geografía Noticias

2014-06-30

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