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Rostros de la migración: una búsqueda de oportunidades

– En 2013 en Estados Unidos vivían 11.8 millones de mexicanos
– Migrantes haitianos y africanos permanecen en la frontera norte de México esperando refugio en Estados Unidos

Históricamente las migraciones –tanto nacionales como internacionales– han sido fenómenos sociales presentes desde hace siglos, pero con el paso de los años estos flujos migratorios han incrementado como consecuencia de las crisis políticas, económicas y sociales presentes en distintos países a nivel mundial.

En el caso de la migración México-Estados Unidos se trata de “uno de los procesos de movilidad de población más dinámicos, numerosos y con una larga historia”, afirma el doctor Guillermo Castillo, investigador del Departamento de Geografía Social del Instituto de Geografía, UNAM.

Algunos estudios refieren que este proceso tiene sus orígenes hacia finales del siglo XIX y principios del XX, cuando aumentó la demanda de mano de obra en algunos sectores del suroeste norteamericano, aunado a la huida de mexicanos hacia Estados Unidos a causa de la violencia gestada durante el periodo de la Revolución Mexicana.

A lo largo del tiempo estos flujos migratorios han pasado por una serie de etapas. El investigador explica que en las últimas décadas del siglo XX acontecieron varios procesos económicos en México y Estados Unidos, que propiciaron cambios y reconfiguraciones en los patrones de la migración mexicana a Estados Unidos, tales como: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), las crisis económicas, la disminución y la privación de incentivos de las actividades agropecuarias, así como el cambio de la política migratoria de Estados Unidos hacia México.


Perfil de los migrantes

Estados Unidos es el principal destino de los migrantes mexicanos, de acuerdo con datos del Consejo Nacional de Población (Conapo) en 2013 en Estados Unidos vivían 34 millones de mexicanos, de los cuales 11.8 millones eran migrantes y 22.9 millones eran mexicanos de segunda y tercera generación.

A raíz de la reconfiguración del proceso migratorio se han dado cambios en el perfil de los migrantes mexicanos, que en principio estaba definido por hombres procedentes del campo, con poca escolaridad y en edad laboral; que al llegar a Estados Unidos se insertaban en trabajos relacionados con la agricultura, y algunos en el sector secundario en actividades de la industria y la construcción.

Los principales estados de concentración de migrantes mexicanos se situaban en California “que cuenta con la mayor presencia de migrantes mexicanos y más norteamericanos con ascendencia mexicana”, Illionis, Texas y Arizona.

Mientras que en México los estados de expulsión habían sido los de la denominada por algunos autores, “la región histórica” de la migración, conformada por: Aguascalientes, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nayarit, San Luis Potosí y Zacatecas.

El doctor Castillo explica que a partir de las reformas neoliberales que se dieron desde inicios de los años ochenta, se acentuaron las políticas de reestructuración económica en términos de privatización, regulación y libre mercado, sobre todo en el campo, lo que generó una desarticulación productiva que obligó a la población a buscar otras opciones, e inició un notorio flujo migratorio hacia Estados Unidos.

Y es así, como en menos de 20 años se alcanzaron picos históricos tanto en recepción de remesas como en el número de migrantes mexicanos –en su mayoría sin documentos y un menor porcentaje de personas documentadas–.

En 2007 la migración mexicana en Estados Unidos alcanzó su registro más alto con 6.9 millones de personas no documentadas, según reportes del Pew Hispanic Center. De acuerdo con algunos autores, para ese año la migración total –documentada y no documentada– osciló entre “11.7 y poco más 12 millones de mexicanos en Estados Unidos”. Sin embargo, esa cifra descendió hacia finales de 2007 y, sobre todo, en 2008 con la crisis económica en la nación norteamericana.

“Algunos estudios del Colegio de la Frontera Norte (Colef) empiezan a registrar que la migración México-Estados Unidos decae y la migración de retorno incrementa”. Durante la administración de Barack Obama las deportaciones siguieron y esta tendencia continúa.


Reconfiguración de la geografía de la migración

El investigador destaca que en México se observó un proceso de diversificación de la geografía y distribución de estados expulsores de migrantes, incorporando a regiones del país que no figuraban como Guerrero, Morelos, Oaxaca, Puebla y el Estado de México, en adelante se sumaron entidades como la Ciudad de México, Hidalgo, Veracruz y Chiapas.

El caso de Chiapas es interesante porque en 2000 y 2007 tuvo un despunte y un crecimiento importante en el número de remesas que ingresaron a la entidad. En 1995 las remesas fueron de 20 millones de dólares y para 2007 ingresaron un aproximado de 921 millones de dólares. Aunque con la desaceleración de la economía norteamericana en 2008, el envío de remesas disminuyó.

El doctor Guillermo Castillo señala que es importante hacer una relación crítica en términos de cómo medir la migración, ya que suelen utilizarse criterios económicos como las remesas, pero el problema es que frente a procesos de devaluación de la moneda las remesas pueden aumentar sin que realmente crezcan los flujos migratorios.

En lo referente al nuevo perfil de los migrantes es notoria “una feminización de la migración, que no llega a los niveles de los migrantes hombres”, pero sí hay una mayor presencia de mujeres.

Otra tendencia es la participación de los grupos indígenas, algunos con un papel histórico como los mixtecos y zapotecos, pero con el tiempo se han incorporado otros. La inserción laboral de estas poblaciones se concentra en actividades jornaleras. En los últimos años han aumentado los flujos migratorios de personas procedentes de contextos urbanos.

Además de la agricultura y la construcción, los migrantes incursionan en otros nichos de trabajo del sector terciario, los servicios. Y estas poblaciones se han movilizado a otros estados.

A mediados de la década de los noventa se agudizó el control fronterizo en cruces como los ubicados en Tecate y Tijuana, en Baja California; y también en la frontera con Chihuahua y Texas. Esta situación obligó a generar nuevas rutas alternas para el paso de los migrantes, de tal manera que incrementaron los costos de los cruces fronterizos. Aunado a lo anterior, también se han registrado un mayor número de muertes y casos de violencia en contra de los migrantes.


Principales beneficiarios de la migración

Frente a la vulnerabilidad que afrontan los migrantes al ser objeto de violencia y exclusión social. El investigador reconoce que hace falta un análisis más profundo en términos de cómo cada Estado-nación ha contribuido en el proceso y condiciones de la migración.

Por un lado, “el Estado mexicano ha dejado que migraran miles de personas en condiciones precarias; mientras que en Estados Unidos hay una política migratoria que criminaliza, pero los nichos económicos donde llegan los migrantes tienen una postura de clara recepción”, donde se explota y aprovecha su mano de obra barata y carente de derechos laborales.

Con respecto a la lectura política de la migración “hay algunos estudios que apuntan que la principal ganancia que genera la migración transfronteriza de México-Estados Unidos se queda en el destino”, porque se abaratan los costos de producción sin derechos laborales, el migrante genera una derrama económica importante, además de aportar fuerza de trabajo y juventud.

Ante la llegada de Donald Trump al gobierno de Estados Unidos habrá que esperar en qué medida y magnitud se realizarán las deportaciones, ya que “si se dan procesos de deportación masiva, el país no tiene la capacidad de inserción laboral”.


México, país de tránsito

En el contexto internacional, así como en otras naciones se están gestando crisis políticas y económicas, la región de América Latina no está ajena a estas crisis que han ido expulsando a las poblaciones de varios países y han generado procesos de reconfiguración de la movilidad en la región.

La doctora Ana Melisa Pardo, investigadora del Departamento de Geografía Económica del Instituto de Geografía, UNAM, señala que Estados Unidos siempre se ha visto como una opción económica para los migrantes latinoamericanos. Y en la búsqueda por llegar a esta nación, México se ha convertido no sólo en un país expulsor de migrantes sino de tránsito y destino (temporal o permanente).

La migración centroamericana es quizá la población con más tránsito por el territorio mexicano; sin embargo, este año llegaron a México contingentes de migrantes haitianos y africanos para solicitar ayuda humanitaria y asilo en Estados Unidos.

Luego de los fenómenos que azotaron Haití, primero con el terremoto de 2010 y después tras el paso del huracán Matthew en octubre de 2016, algunos países como Estados Unidos, Brasil y Chile brindaron ayuda a los afectados.

Aunque se trata de flujos diferentes, centroamericanos y haitianos han sido objeto de dificultades y discriminación durante su trayecto por México. La investigadora explica que esto ha desatado otro tipo de consecuencias de carácter social, “que de alguna manera dejan ver un clima de discriminación y xenofobia –que siempre ha existido hacia los centroamericanos, pero se ha recrudecido en los últimos años–.

A diferencia del tránsito de los migrantes centroamericanos, los grupos de haitianos recibieron un permiso temporal para transitar por México y llegar a la frontera de Tijuana o Mexicali, en Baja California, para solicitar asilo en los consulados de Estados Unidos.

La doctora Pardo refiere que, en el caso de la migración de tránsito no hay manera de tener un registro exacto porque son grupos en constante movilidad, y apenas “con esfuerzos se tienen aproximaciones del censo de extranjeros en México”, pero que tampoco reflejan un número real.


Política migratoria mexicana

En México el tema de los derechos humanos es un asunto complicado, y cuando se trata de migrantes aún más porque son población invisible para muchos. En 2011 se dio a conocer la Ley de Migración, que entró en vigor hasta 2012 luego de publicarse el reglamento de esta Ley, que fue reformada en abril de 2016. Sin embargo, “esta política migratoria está enfocada en atraer a población con altos recursos económicos y educativos”.

Si bien existen leyes “supuestamente para proteger a la población migrante” y otra serie de programas, actualmente el país enfrenta un grave problema de violación a los derechos humanos de los migrantes y de la población en general.

Ha sido a través de las ONGs y la sociedad civil como se ha intentado apoyar a los migrantes. A diferencia de Estados Unidos donde las organizaciones y los migrantes pueden marchar por sus derechos, en México la Ley no contempla los derechos políticos de los migrantes.

Las ONGs y la sociedad civil han tenido un papel importante y “realmente son la voz de los migrantes porque en México los migrantes no tienen voz, independientemente del estatus migratorio”.

Frente a la actual crisis migratoria de haitianos, el gobierno mexicano se ha visto rebasado, las casas de migrantes sobrepasan el cupo y se han instalado casas de campaña que son insuficientes para atender a estos grupos.

Desde el gobierno se ha informado que habrá apoyos de empleo a estas personas; sin embargo, la Ley dice que “para cambiar su permiso y estatus migratorio es necesario salir del país”, lo cual es absurdo si se considera que han recorrido varios países y han gastado mucho dinero para llegar a la frontera norte de México, además de los incidentes de los que han sido objeto durante su travesía.

Y aunque se trata de migrantes que no tienen contemplado residir en México, luego de que el pasado mes de septiembre de 2016 el presidente Barack Obama canceló el programa de Protección Temporal que otorgaba a los haitianos desde 2011, esta decisión aumenta las preocupaciones sobre lo que pasará al respecto y mientras tanto miles de migrantes siguen varados en la frontera norte.

Para los migrantes indocumentados “permanecer en México no es una opción”, ya que en el país existen problemas de desempleo y otra serie de factores que dificultan la posibilidad de quedarse.

La migración de tránsito tiene características diferentes a la población de extranjeros que se queda en México, que posee niveles de escolaridad más altos “y son los que pueden acceder a otro tipo de trabajos”. La actual Ley de Migración contempla un sistema de puntos para otorgar los permisos migratorios.

Ante estas nuevas transformaciones de los flujos migratorios en la región, muchos países enfrentan desconcierto debido a la falta de políticas migratorias para atender estas problemáticas a las que no estaban acostumbrados.

La doctora Pardo advierte que esta reconfiguración de la movilidad continuará tanto en América Latina como en el resto del mundo; pero señala que, también surgirán nuevos destinos “porque el ser humano está en constante movimiento y siempre habrá una potencia económica a dónde la gente querrá emigrar”.


Geografía Noticias

2017-01-05

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