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Cambios en la movilidad migratoria de México

  • Reconfiguración del territorio nacional
  • Nuevos asentamientos: caso del Valle de San Quintín, Baja California

A lo largo del tiempo los diferentes procesos migratorios han dado como resultado una serie de transformaciones en la configuración del territorio y también en las actividades económicas y sociales.

En el marco de la mesa redonda "Actores sociales y procesos socio-económicos y espaciales relacionados a la migración. Transformaciones y continuidades", organizado por los doctores Guillermo Castillo y Ana Melisa Pardo, del Instituto de Geografía (IGg); un grupo de académicos procedentes de distintas instituciones analizaron las problemáticas en torno al fenómeno migratorio, tanto en el ámbito nacional como internacional.

De acuerdo con el Dr. Iván Jiménez, de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, la detonación de la migración de México hacia Estados Unidos tiene una larga historia que se ha visto influenciada por varios factores.

"Entrando al siglo XX se profundiza el proceso migratorio". Durante la época del Porfiriato en México los espacios estaban configurados en haciendas y las condiciones laborales no eran favorables a los trabajadores. Aunado a esto, la situación de inestabilidad en el país por el movimiento de la Revolución Mexicana provocó la salida de muchos mexicanos.

El avance de los medios de transporte como el ferrocarril, el desarrollo económico de Estados Unidos y su participación en las guerras mundiales favoreció la incursión de mano de obra foránea, principalmente destinada al trabajo agrícola.

En un intento por controlar la entrada de trabajadores migrantes mexicanos se firma un acuerdo laboral temporal, el llamado Programa Bracero vigente de 1942 a 1964.

De acuerdo con Iván Jiménez, este programa tiene sus antecedentes en las migraciones de mexicanos ocurridas en el contexto de la Primera Guerra Mundial, que fueron contratados por medio de "enganches" con la promesa de mejores condiciones laborales.

Al finalizar estos acuerdos entre ambos países, se dio paso al auge de la migración indocumentada que prevalece hasta nuestros días.

Con rumbo al norte

Dentro de las migraciones internas mientras algunas poblaciones se han trasladado a las ciudades, hay otros grupos que se han desplazado para trabajar en los campos de cultivo de la zona fronteriza entre México y Estados Unidos; y como ejemplo está la población indígena jornalera del Valle de San Quintín, en Baja California.

A nivel mundial México se encuentra entre los principales productores y exportadores de hortalizas, principalmente destinadas a los mercados de Estados Unidos, Canadá y Japón.

"Geográficamente esta producción se concentra en el Bajío y en el noroeste del país, destacando Sinaloa y Baja California", explicó Abbdel Camargo, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. De las regiones de cultivo de México, San Quintín ocupa el primer lugar en exportación de fresa y mora; y el segundo sitio en producción de tomate.

Esta zona ubicada en el municipio de Ensenada es una de las regiones con mayor diversidad étnica del país, debido a la presencia de migrantes mixtecos, zapotecos y triquis.

Los jornaleros asentados en San Quintín suman entre 60 y 70 mil personas, la agricultura local es operada principalmente por 20 empresas -la mayoría con participación de capital extranjero- "y tecnología importada de países como Israel y España".

De acuerdo con Abbdel Camargo, la migración en San Quintín ha sufrido algunos cambios y estas poblaciones pasaron de ser trabajadores temporales, viviendo en campamentos, a convertirse en residentes de colonias asentadas.

El investigador resaltó que estas transformaciones se suscitaron a partir de la ampliación de los ciclos de cultivo, lo cual implicó un cambio en la composición y volumen de la mano de obra, obligando la integración de más miembros de las familias.

Arraigo y adaptación

En el contexto nacional estas migraciones han generado una reconfiguración de los territorio étnicos del país, mientras que en los lugares de destino ha ocasionado la conformación de nuevos asentamientos; que ha llevado a estos grupos a un proceso de adaptación y redistribución espacial.

En el caso de San Quintín, "el proceso de asentamiento de los trabajadores se dio por una serie de movilizaciones" que iniciaron tanto jornaleros como líderes comunitarios en defensa de sus derechos laborales.

Como resultado de estas manifestaciones se crearon nuevas colonias y ocurrió un crecimiento poblacional, algunos estudios estiman que de "1980 a 1990 el Valle pasó de cuatro mil 694 habitantes a 23 mil 354, en la década siguiente se incrementó de 38 mil a 74 mil personas, y para 2010 la población era de aproximadamente 80 mil habitantes", dijo el investigador.

En esta nueva vida tan diferente a la de sus lugares de origen, los grupos étnicos lejos de olvidar sus tradiciones mantienen un arraigo; las nuevas colonias son una muestra de la convivencia entre las diferentes culturas que con agrado se conservan hoy día.



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